
Corazón bueno o malo, ahí es la distinción. En el que prefiere quedarse sentado esperando que las cosas sucedan solas, o en el que prefiere levantarse y salir, enfrentar lo que tenga que enfrentar. Llorar sí, lastimarse, lastimar, pero aprender y crecer. El conformista o el que aspira siempre a más. El que se pasa la vida mirando la vida de los demás, o el que mira su propia vida e intenta cambiar. El que envidia, por que no tiene el valor suficiente para enfrentarse a sus problemas, a sus cuestiones, a las cosas que requieren de actitud, de paciencia, de fracaso tal vez, de derrota, de desilución. El que no ayuda, siempre sin querer involucrarse, por miedo o desgano, y el que está dispuesto a luchar por lo que considera justo, por su dignidad, por sacar una sonrisa a un tercero, por dar una mano. Esas si son distinciones, todo lo demas queda en segundo plano. Al final del camino, lo material queda afuera, no se ve, no se siente, ni se toca. Ojala todos podriamos entender eso, y saber que por un objeto inanimado hacemos sentir mal a un ser humano, a alguien que si siente, toca. No hay corazones ricos ni pobres. Sólo son corazones.
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