
Respira.
El temor se sostiene entre las costillas, sobre el corazón.
El miedo se hincha bajo el pecho y presiona hacia fuera, como una nada que amenaza con existir. Respira. Solamente respira.
Deja tus pies descalzos. Asume la madera bajo las plantas de tus pies. Quiebran. Las rodillas se quiebran como si fueran ostias al borde del cáliz.
Respira. Como un rezo, como un suspiro que atraviesa el diafragma hacia tu vientre. El cuello se inclina. Los labios entreabiertos sosteniendo el latido lento y acompasado de la angustia.
Imágenes, como pesadillas. No duermes. Lo siento. Lo siento tanto.
Respira para no morir la muerte, para sostenerte del aire porque te necesitan. Solo respira.
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